Sí, con todo el descaro del mundo he plagiado el
título del libro de Bilbo Bolsón, el conocido personaje de El Señor de los Anillos: “There and Back Again”
(Traducido en España como “Historia de una ida y una vuelta”).
Tal y como se desarrollaron los acontecimientos, me parece el título
más apropiado.
El viaje planeado originalmente tenía un destino,
una duración y una forma de realización. Se trataba de recorrer
pausadamente los Países Bálticos, visitar determinados lugares, y
pernoctar en tienda de campaña siempre que ello fuera posible. En
tanto y en cuanto no se cumplieron las mencionadas circunstancias,
podemos afirmar que el viaje que finalmente realicé no era el viaje
que había previsto, de ahí la segunda parte del título: Crónica
de “el No-viaje”.
El No-viaje vino condicionado desde el principio
por el factor tiempo. Por circunstancias ajenas a la empresa, el
tiempo disponible se vio reducido prácticamente a la mitad del
inicialmente previsto. Ello inevitablemente conllevaría un
incumplimiento en cadena del resto de la planificación...¿qué
hacer?
Había tres posibilidades, dadas las
circunstancias:
1. No realizar el viaje (no era una opción)
2. Realizar un viaje tranquilo a algún sitio
cercano (opción más razonable)
3. Llegar lo más lejos posible en el menor tiempo
posible.
Como era de esperar, yo escogí la opción menos
razonable.
De los tres Países Bálticos sólo conseguí
alcanzar (fugazmente) Lituania. Huelga decir que no pude visitar
todos los lugares deseados, y que los enseres de acampada no salieron
ni por un segundo de la maleta izquierda de la moto, desde donde
recorrieron los más de 8.000 kms sin ver la luz en los nueve días
que duró el No-viaje. Sí, 8.000 kms en nueve días...o, para ser
más exactos, en ocho días, ya que uno de ellos la moto lo pasó en
el concesionario BMW de Varsovia a causa de una avería, como veremos
después. La media de kilómetros diaria da una idea de la escasez de
tiempo para visitar, pasear, hacer fotografías o vídeos, relajarse,
o simplemente comer y descansar. Pero no adelantemos acontecimientos.
El No-viaje arranca el 22 de agosto, por la bien
conocida autovía que pasa por Granada y Jaén. Algunas retenciones
causadas por las obras cerca de Madrid me van anunciando lo que me
esperará durante los próximos días. Cerca de Burgos abandono la
autovía para, esquivando algún que otro cervatillo, alcanzar mi
primer destino a visitar: la capilla de San Olav, en Covarrubias,
erigida para cumplir la promesa realizada a una princesa noruega hace
más de 700 años.

Así pues,
primer objetivo alcanzado. Inicialmente
la idea era “hermanar” esta moderna capilla erigida en pleno s.XXI
con la iglesia de San Olav de Tallín (s.XII), lo cual obviamente no
podrá suceder.
Tras saludar a una hierática efigie del Cid
erguida a la orilla de la carretera en Mecerreyes (que no Matarreyes), continué hasta la
ciudad de Burgos, en cuyo Decathlon realicé una breve parada para
comprar una almohada de camping -que nunca estrené-.
Aún continué
un poco más hasta alojarme en una pensión de Miranda de Ebro, muy
correcta de todo. El enorme joven encargado de la pensión, además
de seguidor de Juego de Tronos, Vikingos y demás series del estilo,
era muy agradable y servicial, y me ayudó a guardar la moto en una
cochera-almacén que tenía en la planta baja. Tuvimos que quitar una
maleta porque la moto no cabía por la puerta, pero con su ayuda y la de
otro hombre más finalmente conseguimos que cupiera y que superara el
escalón de la entrada. La saludable cena del primer día consistió
en un bocadillo de pan duro con bacon y queso que me sirvieron en el
bar de la esquina acompañado por dos cervezas, imprescindibles para
conseguir que aquella reseca masa de colesteroles bajara por el
gaznate.
Y así terminó el primer día del
No-viaje.